miércoles, 5 de septiembre de 2007

EL CHE, NI REVOLUCIONARIO NI ASESINO, SIMPLEMENTE UN HOMBRE (un perfil ensayado)

En palabras de Héctor Domecq: “En la Higuera, Bolivia, murió el héroe y nació el mito”. Cual Cristo bajado de la cruz, sus restos reposaban sobre una camilla que los contenía después de haber sido fusilado por un soldado, cuyo nombre prefiero olvidar…Ese era el final del sueño de una lucha, un sueño seguido por un hombre, un revolucionario que se sintió con tanta fuerza como para levantar una revolución en toda América, aquella que el pensaba que liberaría a América del imperialismo yanqui…

Sí, desde ese día nació el mito, pero murió el hombre, no aquel hombre conocido desde anteriores entonces por la mayor parte de Latinoamérica como el revolucionario perseguido por la CIA y el gobierno boliviano, no ese revolucionario amigo de Castro, no, murió quien fue hijo y padre, aquel que se enamoró más de una vez y que fue capaz de sentirse culpable por cometer errores que su honorabilidad no disculpaba; murió aquel asmático romántico que leía a Neruda y que nació en Rosario casi clandestinamente, por las mojigaterías de la época; murió aquel chico que no se preocupaba por las últimas novedades revolucionarias en la secundaria, y cuya familia no era simpatizante de Perón, murió quien nació en el seno de una familia relativamente normal que no tenía antecedentes ni socialistas ni comunistas. Murió Ernesto Guevara Serna, pero no El Che Guevara.

De él podría decirse mucho o relativamente poco, como por ejemplo las cosas mas abundantes que encontramos en sus biografías, por ejemplo, que a sus dos años Teté, como lo llamaba cariñosamente su nana, experimento una ataque que lo sentenciaría a ser asmático, lo cual hizo que el resto de su destino, si es que se le puede llamar así, se dibujara, pues a causa de esta enfermedad empezaría a cambiar de direcciones recorriendo gran parte de Argentina; cuando llega a estudiar en Córdova conoce a Alberto, quien fue su compañero de aventuras, en especial de aquella a la que llamo su primer viaje Latinoamericano. Ernesto, Teté, un chico cualquiera, a quien no le importaba nada y la vez todo, hasta que salio de la secundaria, era sólo eso, antes que todo y que nada fue Teté, aunque los años hubieran pasado. Aún en la universidad, fue un muchacho despreocupado de los quehaceres políticos, pues si en el colegio solo le importaba la literatura y el rugby en la universidad sólo le importaría la medicina, y el estudio de la lepra.

Como un hombre cualquiera Ernesto se enamoró de Hilda Gadea, una peruana de ideas marxistas que sería quien lo llevaría, tras un par de intermediarios, a conocer a Fidel Castro, la persona en la que vio un líder. Pero lejos de sus preferencias ideológicas, y su búsqueda de alguien que ilumine y encamine sus ideas de revolución, veamos a la persona que también fue capaz de enamorarse, al igual que los demás, de alguien que compartía sus ideales, alguien con quien en algún momento pensó compartir el resto de sus días y con quien tuvo su primera hija, Ernesto se había enamorado, pero al igual que el resto de mortales, un día descubrió que para siempre, no siempre es para siempre; talvez después de haber conocido a Aleida March, una anticomunistas militante del Movimiento 26 de julio con quien tuvo sus otros cuatro hijos, ella al igual que Hilda compartía ideas similares con Ernesto pero estaba mas implicada con la revolución y la ideología del hombre en quien él ya había encontrado un líder; y tal vez fue eso lo que conquistaría a Ernesto. El revolucionario se podía enamorar, y más de una vez, pero así nos demostró que sus sentimientos no eran tan estables, pues no tuvo una sola mujer, ¿característica de alguien muy maduro, o de alguien que no sabe lo que busca?, las dos cosas, el revolucionario era una persona demasiado apasionada, un soñador por excelencia, su apasionamiento era eso, pasión, así que pasión no es lo mismo que amor, y puede que haya sido eso lo que sintió, mas humano que nunca, el gaucho nos muestra que era un hombre común y corriente, tal vez inmaduro al no saber que era lo que buscaba exactamente en una mujer, o demasiado centrado que lo sabía tan bien que no lo había encontrado en ninguna de las que habían pasado por su vida.

Como padre, mostró que su paternalidad no se pudo despegar de la revolución, pues siempre trató de inculcarles a sus hijos el sentimiento revolucionario que, como él pensaba, era lo único que convertiría a América en una tierra auténticamente independiente, así como podemos verlo en una carta, publicada en Patriagrande.net, que escribió para ellos, sus hijos:
«Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.»
Un padre casi ejemplar, con sus palabras, demostraba que le importaba mucho el futuro de sus hijos, pero también le importaba que éstos siguieran su ejemplo, quiso hacer de ellos unos revolucionarios, pero caigamos en cuenta de algo, no paso el tiempo necesario con ellos, con tantos ideales dejo un poco de lado su faceta de padre, pues con tanto tiempo dedicado a la guerra de guerrillas no le quedaba mucho para ser un padre amoroso, teniendo en cuenta que los años que de él se conocen son los que dedicó a la revolución, entrenando y luchando por los campos de América,
Para algunos es más que obvio que Ernesto era un hombre, aunque haya quienes lo consideren una especie de Mesías de la revolución, símbolo de una idolatría exacerbada, tanto que hay quienes lo llaman San Ernesto de la Higuera pero casi nadie vio al hombre, si no más bien al mito; como la CIA, que no vio a un loco que utópicamente buscaba una igualdad o un común entre todos los integrantes de una sociedad, tal vez a base de comunismo o socialismo, o quien sabe hasta guerrillerismo; sino, vio una amenaza latente que, para ellos, buscaba atacar el sistema poco político y la coyuntura boliviana; o como su “líder” que vio en él un comandante, alguien con conocimientos en técnicas de guerrilla capaz de dirigir una revolución, o como otros dirían su mano derecha en asuntos de revolución; o quizás como la industria postguevarista que vio la posibilidad de empezar una de las reproducciones más masiva de los últimos tiempos, la del “Guerrillero Heroico”, la imagen que se conoce en todo el mundo, hasta más reproducida que la mismísima Gioconda, y no es por blasfemia pero puede que más tenida en puesta que la del mismísimo Jesucristo, todo gracias a la fotografía más famosa que representa a las revoluciones, aquella que capto la cámara de Alberto Korda en Cuba; pero no podemos culpar sólo a la sociedad y a las personas que ven a Ernesto como un mito, pues al fin y al cabo la historia, los medios y las misma sociedad lo convirtió en eso, un mito, o una leyenda, que aún sigue viva y presente en los libros, el entorno gráfico comercial que reproduce esta imagen como un símbolo de saben ellos qué, pues no podemos decir que todo aquel que lleve la imagen de “el Che” sea un revolucionario, un comunista o un socialista; y no hay que olvidar la música, refiriéndonos aquella canción de Los Rancheros “EL Che y los Rolling Stones” que aunque del titulo sólo tenemos una mención, refleja la simpatía ideológica con el gaucho. El Che ahora es tan famoso que hasta Thierry Henrry uso una chamarra en rojo y negro con la mas que famosa foto; Maradona tiene un tatuaje suyo en el brazo, y el asesor de Lula Da Silva piensa que hubiera sido mejor seguir la ideología de Ernesto que la de Trotsky. Por eso, y tal vez mucho más, hay quienes piensan, y escriben como un autor anónimo, en el titulo de un artículo publicado en Etiqueta Negra: “Las reencarnaciones del Che -o con el debido respeto, el Che hasta en la sopa-”; reflejo de que hay quienes ya tienen más que suficiente de él. Pero en todo caso sería una sopa revolucionaria, pues lo que nos llega a cansar es ver como unos casi idolatran al Che, por su historia revolucionaria olvidándonos de sus otras facetas, las cuales desconozco, o en el sentido opuesto, como a otros les quedan ganas de volverlo a fusilar.

Pero siguiendo con mi idea de encontrar a un hombre auténtico y nunca antes visto, busquemos la esencia de Ernesto como, hombre de carne y hueso, ésta a mi parecer radicaría en los errores que muchos critican y los hacen notar como delitos, pues esa es la prueba más latente de que las leyendas también cometen errores, y que estos deberían ser entendidos como tales, pues pese a que muchos digan que estos son errores históricos, cosa que no refuto, esta historicidad sólo será relativa en cuanto a la importancia con la que se mire a quien los cometió; voy a este punto no por justificar las tantas muertes de las que se le acusa, si no simplemente trato de explicarme el sentido ideológico que lo llevaría con Fidel, pues para mí ese es el error más significativo que cometió, talvez porque desde mi punto de vista Castro, después de la victoria que tuvo en la revolución, llego a un punto de suma exacerbación victoriosa y utópica, producto de la emoción que sentía al ver su sueño cumplido, pero luego de esto poco a poco fue olvidando lo que realmente significaba la revolución, y olvido principalmente que el sentido de ésta era la democracia, y que se buscaba un representante democrático que encamine a Cuba y no un vitalicio que la reprima. No logro comprender porque Guevara se ciñó tanto a lo que era Fidel si podríamos decir que hasta tenían ideas distintas en cuanto a socialismo y comunismo, ya que Ernesto tenía una base más comunista que socialista, basada en una igualdad que se dejo de lado mientras avanzaba la revolución y la fama de ambos. Desde este punto de vista, creo que el deceso de Guevara fue oportuno, demasiado oportuno, puesto que caso contrario ahora tendríamos un Castro más sabe Dios en que parte de América ejerciendo un, tal vez, vitalicio gobierno olvidando la democracia que tanto se defendía.

Al final de la revolución boliviana Ernesto descubrió que era él el único que creía en lo que luchaba, o que el motivo de su lucha solo la creía él, eso es lo que suele suceder cuando las ideas tropiezan entre ellas y con las de los otros, así Guevara terminó solo en la higuera, traicionado tal vez por Fidel o tal vez por los mismos campesinos que vivían cansados del asedio de un sueño de libertad que los encerraba en la incertidumbre del mañana.

La verdadera historia será muy difícil de saberla, lo que Ernesto pensaba lo será aún más, así que me niego a creer en cualquier versión de su ideología, su biografía y demás escritos sobre su persona, me quiero olvidar del líder y simplemente pienso en le hombre que subjetivamente creo que fue, por que hay que entender que cuando uno habla de alguien es imposible ser objetivos o imparciales, el mismo hecho de ser autores nos convierte en distorcionadores inintencionados de realidades que desconocemos y creemos conocer.

A veces es demasiado difícil demostrar a la gente, que se encuentra parametrada por ellos mismos, que las personas a las que admiramos o a las que les tenemos una honorable aversión no son más que seres humanos, de hecho que todos lo somos pero es muy difícil mirarnos como tales, y mucho más a una figura tan histórica; y puede que esto sea porque, como irrelevantes seres, nos sentimos con derecho a ser los únicos que cometamos deslices, pero es muy necesario entender que más allá, o en todo caso más acá, de la historia esta la realidad, aquella que muy pocos conocen, y conoceremos pues de eso solo pueden dar fe los verdaderos protagonistas de nuestras historias.

Como revolucionario Ernesto empezó como un aventurero, un romántico en motocicleta, o talvez un medico en busca de un líder que pueda guiar sus saberes, los que había forjado a base de las lecturas de Marx, Engels y Freud, y los que lo llevaron a la determinación de estar en contra del Imperialismo Yanqui, pues si el capitalismo era el abuso de las personas contra otras personas, el imperialismo era para él lo mismo pero más grave.

En cuanto al imperialismo, hay quienes sostienen que la imagen de Ernesto ha levantado todo un nuevo ejemplo de imperialismo, ya que es increíble como se pueden encontrar cientos de artículos con la imagen del Guerrillero Heroico, de aquel que aprendió las técnicas de la Guerra de Guerrillas, pero ¿que fue lo que realmente entendió Ernesto de éste termino tan peculiar que fue motor de la revolución cubana, y tan de moda en esos entonces?. Aquí podemos empezar una asociación de términos, Guerra de guerrillas e imperialismo, la primera la asumo como el conjunto de técnicas que uno sigue para poder encabezar una revolución y llevarla buen fin con resultados reconocibles, pues esto es más que una simple guerrilla, pero ¿para que esta lucha?, simple, para liberar a América del imperialismo que ejercía en esos entonces la Fruit Co. uno de los monopolistas de frutas y caña de los países azucareros centroamericanos, entonces encontramos la relación: guerra de guerrillas para derribar al imperialismo.

Como todo romántico idealista creía en la igualdad de derechos, algo que solamente se podía asumir desde el comunismo; pero desde que se unió a Fidel se declaró socialista, por la línea que el cubano seguía, algo parecido a un anticomunista, pero ¿cual es la esencia de este par de términos, tan parecidos, y someramente tan iguales?, ¿como podríamos definir a Ernesto, Comunista o Socialista?, ¿que es ser comunista y que es ser Socialista? Hay quienes entienden por socialismo a la puesta en acción del comunismo, o lo contrario, y hay quienes lograron definir al socialismo como el sistema que se basa en las clases sociales, algo antagónico al comunismo, que derivaría de la palabra común entendiéndose éste como un sistema de igualdad, lo cual defendía Guevara, pero si seguimos haciendo una disgregación de términos y hechos veremos que Ernesto se basaba, hasta cierto grado en lo que enseñaba Mao Tse Tung, que en la revolución, en el caso de países eminentemente agrícolas como lo es Cuba, el foco insurreccional debería partir de la fuerza campesina, y que las tierras deberían ser repartidas de una manera homogénea; pero entonces ¿no estaría llegando nuevamente al punto socialista?, pues se estaría dando, después de una supuesta revolución en dichas condiciones, una preferencia a quines se ubican en la clase del campesinado. Ante tanta contradicción hay quienes adoptan un nuevo punto, el guerrillerismo, una versión del comunismo y el socialismo derivada de las acciones de la guerrilla de Sierra Maestra, que expresa la ideología de Ernesto que señalaba que “si no hay revolución armada no habría la posibilidad de una victoria”. Por lo que fuera podemos estar seguros de algo, como lo señalaría Héctor Domecq: “Los expertos afirman que el Che no fue un marxista integrado. Él era un típico izquierdista latinoamericano, con nociones marxistas, pero no de formación de partido comunista”, cosa que se nota al no poder encontrar una ideología clara en su revolución, sólo se luchaba por el bien…Una muestra más de la terrenidad y la vida promedio de Guevara, de lo anterior tendremos aquel axioma que se deriva de las enseñanzas y a lo aprendido por Ernesto: "No es necesario esperar hasta que todas las condiciones para la revolución existan, el foco insurreccional las puede crear", desde aquí explico lo de el guerrillerismo, una nueva ideología, o en todo caso término, que se basa en la lucha armada para poder manejar una revolución, es decir, para Guevara, si no había lucha armada no había revolución, o en todo caso era una revolución perdida, por otro lado la idea de que las condiciones para una revolución no se esperan si no se crean, es una muestra mas del sentido, como algunos lo llamarían, violento de Ernesto, pero ¿quien no va a ser violento en una coyuntura como esas?, ¿quien no va ha pensar que las armas son la solución para algo en un país, o un continente, con tantos golpes de estado?, por ese lado creo seria necesario vivir en una coyuntura de esas para entender un poco las reacciones de Ernesto.

Pero volviendo al comunismo cabe recordar, lo que señalan Roy c. Macrides y Marka Hulliung: “En el lugar de las vieja sociedad burguesa […] tendremos una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condición del libre desarrollo de todos”, esto nos ayuda a tener un mas claro el panorama en cuento al comunismo.
Ahora bien luego de la Revolución viene como consecuencia la represión y como lo señala Antonio Elorza, “Resulta significativo que el protagonista de la represión, de las ejecuciones amparadas en el espectáculo de los juicios públicos, sea el Che, protagonista también mítico, pero esta vez de la lucha guerrillera” . Ya que si recordamos, Ernesto empezó a luchar por las personas y su igualdad, y no era tan igualitario de su parte fusilar a quienes ellos consideraban traidores o enemigos, es por estas acciones que muchos lo califican de asesino así como lo hace Álvaro Vargas Llosa, en el título de la segunda de cuatro publicaciones que brindaría al diario La Nación de Argentina “El Che Guevara: una violenta, selectiva y fría máquina de matar. Ordenó ejecutar a decenas de personas”, refiriéndose en especial al periodo de posrevolución, en la que se ejecutaron a un gran número de personas, asunto que no deja de ser condenable.

El hecho fue que Ernesto Guevara luchó por lo que creía y como lo mencionaría Iósif Grigulívich: “¿Qué puede oponerse a estos [que él señala] absurdos infundios? Por lo visto, sólo una cosa: un relato verídico sobre nuestro héroe.”La gran pregunta es ¿Cuál de los miles de relatos es el verídico?, pues aunque el tenga su versión, ni siquiera él mismo podría estar seguro de que sea la verdadera.

Pero de toda esta confusión ideológica e histórica me atrevo a decir que en la condición de que nadie es dueño de la verdad, y mi verdad no es comprobadamente la verdad, sólo podemos deducir una cosa de un ser con respecto a la sociedad, ya sea que este tenga o no reconocimiento social, “Para uno, uno es quien es, y para los demás es quien ellos quieren que sea”. Es decir desde mi posición Ernesto sólo fue él, lejos de decir que fue bueno o malo.

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