martes, 23 de septiembre de 2008

Corria detrás de un invierno que se calentaba y entonces me encontre con este verano al que me aferre porque abrigaba, pero que ahora me quema como un infierno, entonces descubrí que cuando el sol se apaga es porque él lo quiere y que aunque quiera encenderlo necesito de su venia para que caliente.

Mezcle un ron con la sangria, y seguian sabiendo bien, almenos para mi, ví las corcheas más melódicas, me despojé de lo bastardo del sonido, cruce el umbral de mi espacio a cambio de ver su mano cogida de la mia, me tome en serio aquellos supersticiosos miedos que convivían con 26 gatos.
Entonces me acoste con su deseo, conviví con su monotonia, amanecí con su despertar, y era yo pero sin serlo, hasta ahora los rayos de sol conviven con lo que queda de su presencia, compartí la rareza que existía y tome prestada esa hoja de vida porque sentía mio ese último renglón, a cambio deje una daga, el derecho de romper un corazón.

Y un día ese infierno se enfrió, el sol se congeló y la nieve se calentó, me perdí como en aquel sueño bajo el agua, y no podía desabrazarme de ese verano, aún se despierta en mi almohada y en algun hotel que nunca conocimos.

Entonces morí en un sueño porque viví en una pesadilla, en ese sueño ya no siento, no existe ni un invierno ni un verano, ni yo ni mis abrazos.
Esa daga se quedó, no la sacaron, convive con ese corazón.